Cuando un amigo se va

No recuerdo exactamente en cual momento conocí a Marcos Rodríguez, pero fue en el Restaurant Lucky Seven, el legendario local que de alguna manera atraía, como polen a la abeja, a todo que de una u otra manera el deporte lo apasionaba. Eran los años ochenta del siglo pasado y aun cuando existía una especie de hermandad entre los contertulios, formamos un grupo independiente en el que primaban una serie de valores y costumbres en las que coincidíamos. Con caracteres diferentes, no obstante, había sintonía.

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